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2019-04-24 00:00:00

«El complot mongol». Una película que escapa de lo rutinario

Por Hugo Lara

En el cine mexicano hay algunos policías y detectives que han quedado en la memoria: Héctor Belascoarán Shane, protagonista de las novelas de Paco Ignacio Taibo II y que fue llevado al cine en varias adaptaciones, aunque son las películas de Alfredo Gurrola las mejor logradas: “Días de combate” (1982) y “Cosa fácil” (1982), donde el protagonista fue encarnado por Pedro Armendáriz como un detective privado que comparte oficina con un tapicero. También Gurrola dirigió la imprescindible “Llámenme Mike” (1979), donde Alejandro Parodi da vida a un policía que entra en una espiral de locura y se convierte en un justiciero al estilo de Don Quijote. También por esos años se filmó la primera versión de “El complot mongol” (1978), dirigida por Anton Ecieza sobre la fabulosa novela de Rafael Bernal.

Cuatro décadas después, “El complot mongol” es objeto de una nueva adaptación a cargo de Sebastián del Amo, quien con ella confirma el camino que ha elegido como cineasta: un cine narrativo de calidad, arraigado en la cultura popular mexicana, interesado en sus atmósferas de extravagancia, caos y belleza. Se trata del tercer largometraje del director quien debutó con el filme “El fantástico mundo de Juan Orol” (2012) que constituye una original biografía del pintoresco cineasta de origen español Juan Orol, genio del cine barato y apresurado con historias pobladas de gangsters, rumberas y la fauna más extraña de los bajos fondos del México del siglo XX.  Luego siguió “Cantinflas” (2014), bioepic del famoso mimo mexicano que recibió de encargo pero que pudo convertir en un éxito de taquilla. En sus dos primeras películas, Del Amo mostró pericia para la reconstrucción de época con una visión estilizada y elegante, un estilo narrativo mayormente consistente, cargado de humor y sofisticamiento, a pesar del desafío de abordar las largas vidas de dos estrellas del cine nacional. En ese sentido, “El complot mongol” es su película más lograda, un proyecto largamente acariciado por él que ahora se ha concretado.

Los retos de este proyecto se iniciaron con la adaptación de una novela considerada ya clásica de la literatura mexicana reciente y que se publicó por primera vez en 1969. Situada en 1962, la trama está centrada en el policía Filiberto García (encarnado por el estupendo actor Damián Alcázar) que recibe la encomienda de desmantelar una conspiración de China para asesinar al presidente Kennedy en su próxima visita a México. Con la ayuda de agentes de la CIA y la KGB, García tiene que sumergirse en los misteriosos rincones del Barrio Chino para destruir el complot, pero todo eso lo lleva a poner en riesgo su vida, vivir un romance apasionado y descubrir la verdad que se oculta en toda esa intriga.

Del Amo eligió una estética de cómic para su adaptación (hay que recordar que el libro también fue editada como novela gráfica por el Fondo de Cultura Económica) con colores más saturados de lo normal, planos subjetivos, iluminación de claroscuros en las escenas nocturnas e interiores, etcétera.  Todo esto conforma uno de los aspectos más atractivos del filme, que se redondea con la ambientación, el arte, los vestuarios, peinados y maquillaje.

La película también respeta el espíritu de la novela, su humor ponzoñoso y  sarcástico alrededor de la violencia, con los giros de tuerca de una historia enredada y sorprendente, un requisito obligatorio de las mejores películas del género. Aquí radica lo más difícil para la adaptación fílmica con respecto a su origen literario: la forma en que se dosifica la información desde el punto de vista del protagonista, con la necesidad de sintetizar muchas ideas y muchas páginas en las imágenes que corren en la pantalla. Este esfuerzo exige la participación del espectador, su concentración plena, sobre todo en el planteamiento inicial.

Otro acierto es el ensamble actoral, donde aparecen figuras que salen de sus lugares habituales, como Eugenio Derbez, Xavier López “Chabelo” y la misma Bárbara Mori, pero además con otros de buen desempeño, como el solvente Roberto Sosa.

“El complot mongol” también es una película que se sale de los lugares comunes y rutinarios del cine mexicano y eso es una buena noticia.