Por César De la Rosa Anaya

Una de las cosas que me ha dado el trabajar en el rescate de películas de acervos dentro del Laboratorio de Restauración de la Cineteca Nacional por medio de procesos, flujos de trabajo y restauración digital, ha sido poder descubrir y disfrutar esos pequeños detalles que tiene el cine que nos tocan fibras de nuestro subconsciente, nuestras emociones y espíritu, que nos mueven y que se quedan para siempre impregnados en la memoria. Detalles sutiles que muchas veces no logramos apreciar a primera vista porque nos enfocamos más a la historia, al espectáculo, a los actores, a los diálogos o demás elementos de la producción de la película y que no siempre se relacionan con estos.

Uno de los trabajos más recientes y significativos que me provocaron lo anterior fue sin duda el rollo [N3343] [1], nombre por su colocación en el inventario de acervos. Este rollo (desconocido hasta entonces) de pruebas de sonido sincrónico de los hermanos Rodríguez, fue filmado el 18 de febrero de 1931 en el Philarmonic Auditorium en Los Ángeles, CA. Ésta es una de las primeras pruebas que se hicieron para registrar la imagen en movimiento del cine y el sonido de forma sincrónica (banda de sonido en celuloide junto al fotograma, algo que hasta ese año no se lograba de manera satisfactoria). Su contenido retrata cómo fue para el público de ese momento interactuar por primera vez con este sistema de filmación que podía grabar sonido e imagen al mismo tiempo. Cabe mencionar que este material fue –prácticamente- rescatado de entre los desechos de la bóveda de nitrato donde se encontraba, debido al nivel de degradación tóxica que este rollo presentaba. Todo lo anterior lo hace un material único y lleno de pequeños detalles que parecieran no muy importantes, pero que al final se convierten en su alma.

Pero antes, ¿qué son estos detalles sutiles dentro de las películas a los que me refiero? Bueno, estos se pueden explicar muy bien con lo que Roland Barthes llamó El “punctum”, que, aunque es un concepto que desarrolló para la fotografía (imagen fija), siempre he pensado se puede reutilizar dentro de otros ámbitos de la imagen e incluso del audio, siendo el cine –a mi entender- una de las artes audiovisuales donde podemos encontrar más este concepto. Para el filósofo francés el “punctum” es lo que nos punza, es un detalle o un objeto parcial dentro de una foto que nos atrae o nos lastima, que nos evoca o nos motiva a querer estar dentro del escenario capturado. Es entonces, un detalle sutil que se puede apreciar dentro de la foto más allá de lo solamente mostrado (Barthes, 1980). Algunos ejemplos pueden ser: las manos de un minero, sucias de tierra y llenas de cicatrices en la foto de periódico que hace cuestionar la sobre explotación que éste vive, o el listón del vestido alrededor de la cintura de una chica a la que no se conoce en una foto de los años 60 que evoca una emoción similar al vestido que solía usar una ex novia, o el retrato de un soldado de la segunda guerra mundial con una profunda mirada de ojos negros que causa una sensación de perturbación sobre esta persona. Es muy probable que en alguna película, se haya sentido o experimentado algo similar al “punctum”, al apreciar un detalle que nos marcó pero que no necesariamente se relacionó con la historia. 

Esto es lo que precisamente mi labor como operador del escáner fílmico para materiales de archivo (ARRISCAN) me ha permitido experimentar constantemente, ya que después de revisarse y prepararse (como en el caso del rollo [N3343]), las películas (35 mm. y 16 mm.) pasan al área de escaneo para ser transferidas a archivos digitales independientes y luego ser trabajados en otras estaciones (corrección de color, imagen, sonido, etc.). Por ende, durante todo el escaneo se tiene que observar cada uno de los fotogramas, uno por uno (y sin la velocidad de los 24 fps) para evitar errores tanto analógicos como digitales en la imagen fuente final. Esto, aunque pueda sonar un tanto aburrido y frustrante, resulta ser otra forma de disfrutar la película, puesto que se pueden apreciar más esos detalles de los que he venido hablando.

En mi experiencia al digitalizar cada uno de sus fotogramas, el rollo [N3343] estuvo lleno de elementos de diferente índole que por sí solos podrían dar para escribir más de un artículo y desde distintas perspectivas académicas y/o cinematográficas. Los primeros en notarse -evidentemente- son los de valor histórico, pues de entrada éste es un registro que contiene imágenes de personalidades que eran o se convertirían en celebridades del cine mexicano, tales como Delia Mañana, Lupita Tovar, Tito Davison o inclusive Dolores del Río por nombrar algunos. Sin mencionar que éste también es un registro sonoro como prueba de un sistema pionero del sonido sincrónico que se volvería uno de los más importantes en la industria mexicana. Los hermanos mexicanos Joselito y Roberto Rodríguez se especializaron y desarrollaron dicho sistema justamente en Los Ángeles.

Luego, como en una segunda capa, podemos apreciar otros elementos que igualmente llaman la atención, las situaciones graciosas y curiosas alrededor de esta prueba. Pues recordemos que hasta antes de ese año, las proyecciones y pruebas de cine con sonido que acompañaban de manera simultánea la imagen en movimiento (y con mejores resultados a los fallidos sistemas de sincronización con discos) habían sido mínimas y sólo para ciertos públicos; quizá únicamente los sistemas de Salvador Pruneda y Eduardo Batista o el de Bernardo J. Kroger y José B. Carles habían sido similares y previos al de los Rodríguez (De La Vega, 2017). Entonces gran parte de la gente (e inclusive del mismo gremio del cine) en ese momento no conocía este tipo de tecnología, mucho menos uno hecho por y para hispanohablantes. Por lo que el factor de la vergüenza y la pena frente a la cámara y al gran micrófono delante de ellos juega un papel humorístico. Por ello es que podemos reírnos viendo situaciones como la repentina huida de Delia Magaña cuando le piden hablar al micrófono, o al presentador corriendo detrás de los actores para que pasen al frente o jugando con ellos, o notar las indicaciones y bromas del presentador a los actores en voz baja pero que de todos modos se escucha.  

Finalmente, como una tercera capa, existen otros elementos más escondidos y no tan apreciables a primera vista pero que –desde mi perspectiva- son los “detalles sutiles” de este material.

El primero y –quizás- más apreciable de ellos sea el paisaje sonoro que está presente fuera de cámara durante todo el documento. Poder escuchar sonidos de fondo y ambiente como la campana de la llegada y salida de un tranvía cercano, el paso de coches y el sonido particular de sus cláxons pitando, los murmullos de personas, las puertas cerrándose, o el sonido de pasos de mucha gente caminando –al parecer- por una calle o avenida cercana, es sumamente ilustrativo. Nos hace imaginar varios escenarios de lo que podría estar sucediendo alrededor de la filmación, como si cada uno de estos sonidos que no podemos ver de dónde provienen nos dibujara una imagen mental de lo que se encontraba frente al Philarmonic Auditorium de Los Ángeles en aquel entonces (que dicho sea de paso fue demolido en 1985 en donde ahora se ubica el Walt Disney Concert Hall). De esta manera, dicho paisaje sonoro no sólo complementa un poco más de lo que la simple imagen muestra, sino que también nos hace sentir –brevemente- en dicho lugar [2].  

El segundo, los acentos y retórica de las personas que pasaron al frente a hablar. Esto en particular me causó mucha curiosidad a lo largo de toda la digitalización de este material. Yo podía ir viendo cuadro a cuadro las gesticulaciones en las caras y bocas de las personas cuando pasaban al frente, pero no podía saber qué decían o cómo lo decían hasta que lo viera unido con la digitalización del sonido. Cuando finalmente lo vi y escuché todo en sincronía, mi sorpresa fue grande al notar acentos en un castellano muy diferente a lo que me imaginé, además de la forma de hablar y usar ciertas palabras. Esto quizá suena un poco ingenuo de mi parte. ¿Por qué esperaría conocer el acento de los latinos en Los Ángeles de los años treinta? Bueno, no lo sabía. Pero sí esperaba escuchar algo parecido a las producciones hispanas de aquellos años y sin embargo sonaba a algo más, pues a pesar de que la mayoría que habló frente al micrófono eran actores, sonaban con un acento de barrio o hasta un poco de “pocho” se podía escuchar. Inclusive de la misma Dolores del Río, a quien en sus películas y entrevistas en México no se le escuchaba hablar así. Esto fue sumamente revelador, pues nos permitió entrever un vestigio de nuestro idioma que seguramente ya no existe, pero que ahora es parte intrínseca de la cultura y sociedad de aquella ciudad.  

Por último, los detalles que –quizá- son los menos evidentes: el público. Así es, la gente que está detrás de donde los actores y presentador se encuentran nos muestran más cosas de lo que pareciera. Son varios los detalles que se podrían describir, pero hay uno muy interesante que muestra la falta de familiarización de la gente con el cine sincrónico, pues resulta paradójico que a pesar de que el presentador explica al principio la función de dicha prueba, la gente de atrás (al igual que los actores) casi no voltea hacia la cámara, su mirada se dirige al costado por donde los artistas están pasando para llegar al frente. Por el contrario, pareciera que esto poco les importa y se la pasan riendo de las ocurrencias del presentador o murmurando sobre las celebridades, como si no terminaran de darse cuenta que también ellos son imagen y sonido, y los están grabando para la posteridad como uno de los primeros públicos de este tipo de cine.

Esto es con lo que me quiero quedar del rollo [N3343], con esos “detalles sutiles”, los cuales podrían tomarse sólo como trivialidades, pero que al reflexionarlos resultan ser relevantes para terminar de comprender este momento congelado en la historia. Pues gracias a ellos podemos imaginar lo que pasaba por las mentes de aquellas personas, lo que sintieron y el contexto en el que se encontraban. Quizás todo esto ya lo suponíamos por otras producciones de la época, por documentales, reportajes o libros, pero verlo plasmado en celuloide de manera tan honesta y tan bien registrada por los hnos. Rodríguez, no deja de ser realmente evocativo.

NOTAS
[1] LOS HERMANOS RODRÍGUEZ PRESENTAN [ENTREVISTA A PERSONALIDADES, GRAN FESTIVAL DE LA CARIDAD EN LOS ÁNGELES, CALIFORNIA]. México, 1931, de los hermanos Rodríguez.
[2] Consulta en línea de este material digitalizado disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=GvkcaAKYpWk

BIBLIOGRAFÍA

• Barthes, Roland. La Cámara Lucida. Paidós. España. 1980.
• De La Vega, Eduardo. “La transición al cine sincrónico” en: Miradas al Cine Mexicano Vol. 1. Secretaría de Cultura – IMCINE. México. 2016.

*Las fotos que acompañan el presente artículo se incluyen únicamente como apoyo al contenido del texto, cuyo cometido es de difusión cultural, sin fines de lucro.