Por Gabriele Angelo Perrone

Prólogo

Transcurría el año 1958 y en el pequeño poblado de Erongarícuaro en el estado mexicano de Michoacán, un hombre delgado, de piel clara y bigotes, hablando español con un acento singular, animaba las calles de este centro rural con su equipo de filmación. Este hombre de origen holandés era conocido en México con el nombre de Giovanni Korporaal, director de cine que trabajaba en su ópera prima con el valioso apoyo de un notable director de fotografía conocido como Walter Reuter [1]. Es desde este momento que empieza la afortunada historia de “El brazo fuerte”.

Primera parte – Una película desaparecida y redescubierta

Para que un “objeto” pueda tener el status de obra redescubierta, tiene necesariamente que haber desaparecido en su forma original. Aunque “El brazo fuerte” fue accesible en versiones piratas de baja calidad por un largo tiempo (sea en formatos reducidos, sea en formatos video/digitales), sus piezas auténticas hechas de cinta en formato 35mm. estuvieron perdidas no sabemos dónde. El importante hallazgo es reciente, ocurrido durante una revisión de películas del acervo de la Cineteca Nacional en custodia por los Estudios Churubusco Azteca.  El encuentro hecho por Paolo Tosini [2] activó un proceso de redescubrimiento y reconstrucción histórica que, en unos años, permitió restaurar digitalmente la película y completar su proceso con varios estrenos ocurridos en salas mexicanas y extranjeras, acompañando a la acertada publicación del ya citado ensayo del historiador De la Vega Alfaro (nota 1). Este privilegiado conjunto de situaciones, posibilitó también la aclaración de algunos momentos significativos de la biografía de su realizador, Giovanni Korporaal.

Por mucho tiempo la única referencia bibliográfica había sido un artículo publicado en “El Universal” hace unos años [3]; el artículo nos habla de un joven amante del cine que viaja por el mundo colaborando con importantes personalidades de la cultura internacional hasta llegar a México. Se trata de un sólo capítulo de su biografía, pero al mismo tiempo uno muy importante, es decir, el episodio que se refiere a sus estudios de cine en el Centro Sperimentale di Cinematografia en Roma, una de entre las más importantes escuelas de cine de todo el mundo.

Un rápido intercambio de correos electrónicos con el acervo de la escuela, permitió confirmar este suceso. En la reproducción digital de la imagen aquí puesta a la atención del lector [4], es posible leer que Luigi Chiarini [5] afirma cómo J. A. Korporaal frecuentó durante el año académico 1948-1949 el curso en dirección, obteniendo resultados muy positivos, en particular en lo que se refiere al montaje. Todavía hay muchos aspectos que necesitan ser aclarados, pero este documento nos confirma un hecho sobre lo que será: un director de cine con importante formación académica que, luego de su primera actuación como director de películas cinematográficas, se dedicará a la edición y a la enseñanza.

Segunda parte – Restauración y estreno

Podemos también definir esta restauración como un caso afortunado, puesto que su inevitable estado de degradación no se encontraba en una etapa crítica. Una correcta conservación del material impreso en soporte de triacetato de celulosa nos presentó sólo unas tipologías clásicas de “desgastes” como rayas, rupturas, polvo y un acentuado problema ligado a la inestabilidad de luces entre los fotogramas, definido en la comunidad de restauradores con el término inglés “flicker” (en idioma español “parpadeo”). Objeto de esta restauración fue un negativo compuesto que, después de un análisis puntual, nos reveló las características de una producción independiente, como por ejemplo el recurso de actores no profesionales (muchos habitantes del pueblo) y un doblaje complicado en las diferentes escenas a lo largo de toda la historia.

Por otro lado, es preciso señalar que, en diferentes escenas, sobre todo en las transiciones, es evidente la presencia de cortes en pasajes anteriores, quizás en fase de edición. La intervención digital, ejecutada en el laboratorio Elena Sánchez Valenzuela de la Cineteca Nacional, tuvo un momento substancial en el proceso de corrección de color: con el objetivo de restablecer la estética fotográfica de la película se contó con la colaboración de Jaime Kuri, director y productor de cine mexicano por mucho tiempo colaborador de Korporaal, identificado como profesional capaz de apoyar al laboratorio y obtener el resultado esperado, la restitución de la estética fotográfica deseada por el director Korporaal y su fotógrafo, el “expresionista” Reuter. Obedeciendo a los términos de las prácticas de restauración fílmica digital se realizaron output digitales como DCP.


 

En cualquier curso de restauración fílmica, así mismo en la trayectoria del propio restaurador fílmico, se subraya como momento fundamental el regreso en sala; es decir, revivir la experiencia de compartir una “película cinematográfica” sentado en una butaca, frente a una pantalla, rodeado de otros espectadores. Esta restauración ofreció a la ópera prima de Korporaal el contexto espectatorial oficial que la censura le usurpó a lo largo de muchas décadas pero, en una forma muy diferente a la original, es decir, la forma inmaterial típica del digital. Si bien se organizaron diferentes estrenos en Cineteca Nacional México, así como en festivales de cine, propiamente el de Morelia, notable fue el estreno que tuvo lugar en la ya desaparecida Sala Trevi en Roma, la sala cinematográfica de la “Cineteca Nazionale di Roma” y de la Escuela de Cine donde Korporaal se formó.

Epílogo

Esta restauración es el resultado de una propuesta interna de Cineteca Nacional que no consideró a las otras pocas copias existentes en archivos tales como el Eye Institut de Amsterdam, esto con el objetivo de subrayar la importancia “política” de una copia fílmica censurada y re-encontrada por azar en un archivo mexicano. Como cualquier otra obra de restauración, también esta propuesta puede ser objeto de críticas, pero quisiera terminar la rápida historia del afortunado rescate, recalcando que, no obstante, la restauración digital nos permite trabajar notables cantidades de obras audiovisuales y la mejor forma de conservación sigue siendo el soporte fílmico. Es así que, “El brazo fuerte” sobrevivirá siempre y cuando la intervención digital sea acompañada de la impresión de una copia de soporte fílmico.

NOTAS

[1] Para más información sobre la obra cinematográfica: De la Vega Alfaro Eduardo (2017). “Cine, política y censura en la era del Milagro Mexicano”. México: Universidad de Guadalajara, 144 pp. ISBN: 978-607-742-844-2. También se sugiere ver la presentación de la película en el canal facebook de la Cineteca Nacional México: https://www.facebook.com/CinetecaMexico/videos/charla-sobre-la-restauraci%C3%B3n-e-historia-de-la-pel%C3%ADcula-el-brazo-fuerte-giovanni-/2889434937831506/?__so__=permalink&__rv__=related_videos .
Enlace para ver la película restaurada digitalmente en el canal youtube de la Cineteca Nacional “Mirada a los acervos”: https://www.youtube.com/watch?v=fteFf2ir7pA .
[2] Paolo Tosini es restaurador fílmico. Realizó el Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela de la Cineteca Nacional México, activo desde 2012.
[3] Este artículo ya no puede ser encontrado en internet. Una copia está resguardada en el informe realizado durante las operaciones de restauración en el Laboratorio de Restauración Digital de la Cineteca Nacional.
[4] Agradezco la colaboración del acervo de la escuela Centro Sperimentale di Cinematografia, Roma.
[5] Luigi Chiarini, crítico y teórico del Cine fue uno de los fundadores de Centro Sperimentale di Cinematografia, además de director y guionista.
* Las fotos que acompañan el presente artículo se incluyen únicamente como apoyo al contenido del texto, cuyo cometido es de difusión cultural.