Por José de Jesús Chávez Martínez

La tragedia sufrida por los conocidos como Supervivientes de Los Andes, ocurrida en el último tercio del año 1972, ha quedado marcada como una hazaña precisamente de supervivencia en uno de los ambientes más agrestes y agresivos que persona alguna pudiera enfrentar.

Este caso verídico fue objeto de un libro (que yo sepa, el primero en abordar el caso) a cargo de Clay Blair Jr., publicado en1973, que narra las aterradoras experiencias sufridas por el equipo uruguayo de rugby “Old Christians” en un vuelo a bordo de un avión de la fuerza aérea de aquel país y que se estrella en una parte remota de la cordillera, dejando 29 pasajeros fallecidos y 16 sobrevivientes. El suceso se volvió célebre debido a las condiciones en que se sostuvieron aquellos que superaron el impacto de la aeronave, bebiendo nieve derretida y sobre todo recurriendo al canibalismo.

En el plano cinematográfico, hay dos antecedentes: “Supervivientes de los Andes” (1976, México) de René Cardona y “¡Viven!” (“Alive”, 1993, Estados Unidos) de Frank Marshall. La primera cinta es una descripción muy decente del drama vivido antes, durante y después del accidente, a pesar de las limitadas condiciones de producción; sin embargo, Cardona logra interesar al público y transmitir sobre todo la alegría y el desencanto de los parientes de los muchachos al final del relato. En el caso de la obra de Marshall, a pesar del buen reparto, no se logró más que abordar el incidente al estilo de Hollywood y tratarlo más bien de manera sensacionalista.

La película que nos ocupa y que está en boca de todos es “La sociedad de la nieve”, dirigida por el español Juan Antonio Bayona, misma que resulta más elaborada que sus antecesoras en todos los aspectos. Bayona logra transmitir ese espeluznante enfrentamiento con la muerte gracias a las imágenes, al sonido y a las expresiones verbales y no verbales de los protagonistas. El impacto de la aeronave y sus consecuencias en los pasajeros es tan realista que conmueve al más alto grado de la desesperación y activa ese mecanismo mental de negación pero sobrepuesto a la desesperanza.

Más adelante, presenta la desolación y la lucha por la persistencia en un claro en la montaña que con grandes planos generales explica la prácticamente nula probabilidad de salir con vida de esa situación. Además de la intensa interacción de los personajes dentro de una parte del fuselaje que sirve de endeble refugio, con sorprendente capacidad de reflexión y toma de decisiones extremas porque así lo ameritaban las condiciones inesperadas del accidente. La voz del narrados hace que la exposición se llene de sentimientos encontrados ante la pequeña llama de esperanza y la necesidad de comer carne de los compañeros de viaje muertos.

La historia va mostrando también la degradación física de los sobrevivientes, su piel quemada, sus labios blancuzcos, sus cuerpos famélicos. Y lo más importante: los diálogos con acento uruguayo del cual carecen las otras dos versiones. Es más fiel este retrato del tristemente célebre acontecimiento y más sugestivo en cuanto a emociones, sentimientos, meditaciones y emprendimientos de los protagonistas que con su juventud deben madurar de manera pronta, atender a los heridos, planear rutas y estrategias de salvación, calcular las variaciones del clima y soportar dos mortales desprendimientos de nieve.

Desde luego “La sociedad de la nieve” no contempla algunos detalles (como el del campesino que cabalgó 80 kilómetros para llegar a una estación policial luego de que tres supervivientes se aventuraran en busca de ayuda), pero es muy difícil abarcar todo lo sucedido y máxime cuando de cada personaje se puede obtener una historia con sus particularidades. Bayona demuestra que fue una gran idea adaptar la novela del mismo nombre, del escritor uruguayo Pablo Vierci, y aprovechar los efectos digitales para a su vez crear un efecto emotivo y de reflexión en momentos tensos, cuando la vida está en juego. Vaya, tiene una mayor y mejor aproximación con la muerte que, por ejemplo “Titanic” (Cameron, 1997), en mi humilde opinión.

Quizá ésta sea la mejor obra de Bayona como director, muy probablemente nominada a un Óscar, aunque tiene otras dos cintas muy buenas, “El orfanato” (2007) y “Un monstruo viene a verme” (2016), también plenas de emociones y visiones profundas ante la vida. Igualmente, “La sociedad de la nieve” es un canto a la vida, a la amistad y a la esperanza.

La sociedad de la nieve. País: España, Estados Unidos. Dirección: Juan Antonio Bayona. Producción: Belén Atienza, Sandra Hermida, J. A. Bayona. Guion: J. A. Bayona, Bernat Vilaplana, Jaime Marques, Nicolás Casariego, basada en “La sociedad de la nieve”, de Pablo Vierci. Música: Michael Giacchino. Fotografía: Pedro Luque. Montaje: Jaume Martí. Narrador: Enzo Vogrincic. Intérpretes: Enzo Vogrincic, Matías Recalt, Agustín Pardella, Felipe González Otaño, Luciano Chatton, Valentino Alonso, Francisco Romero, Agustín Berruti, Andy Pruss, Simón Hempe, Juan Caruso. Productoras: Misión de Audaces Films, El Arriero Films, Netflix. Distribución: Netflix.

 

Por José de Jesús Chávez Martínez

Comunicólogo egresado de la UAM Xochimilco. Profesor investigador en la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Occidente Unidad Culiacán, con las líneas comunicación y educación, y el cine como dispositivo didáctico, de las cuales se han desprendido diversos artículos científicos y tres libros. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII). Desde 2021 es colaborador de correcamara.com